Los alimentos orgánicos se han relacionado con mayor beneficio sobre la salud de las personas

Agricultura ecológica es un concepto de cuya definición no forman parte palabras como productos químicos, fertilizantes, plaguicidas o antibióticos. Uno de los objetivos, según define el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, es “proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales”.

Desde su aparición, los alimentos orgánicos (o ecológicos) se han relacionado con mayores beneficios sobre la salud de las personas. Se les considera más nutritivos y de mayor calidad que los “convencionales”. Algunos de los motivos que han justificado estos argumentos defienden que es así porque su producción prescinde de pesticidas. Los procesos que se siguen son más respetuosos con el medio ambiente y con el producto mismo. Sin embargo, esta afirmación está envuelta en un constante debate que enfrenta a quienes apuestan por su superioridad nutricional y quienes los asemejan a cualquier otro alimento.

Agricultura ecológica es un concepto de cuya definición no forman parte palabras como productos químicos, fertilizantes, plaguicidas o antibióticos. Uno de los objetivos, según define el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, es “proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales”. Son numerosos los estudios que les atribuyen un beneficio mayor porque su riqueza en antioxidantes es superior a la de los convencionales. Esto es lo que concluían en 2007 los resultados del proyecto europeo “Quality Low Input Food”. Sin embargo, ahora, una revisión de más de 160 estudios realizados en este ámbito durante los últimos 50 años pone en entredicho esta supuesta superioridad.
Entre dos aguas

Cualquier diferencia entre alimentos orgánicos y convencionales, asociada sobre todo a sus propiedades nutricionales, “es poco significativa”, asegura Alan Dangour, responsable del estudio que publicaba hace unas semanas “American Journal of Clinical Nutrition”. El informe, realizado por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, a petición de la Agencia de Estándares Alimenticios del gobierno británico (FSA), descarta que comer este tipo de alimentos ayude, de forma específica, a la prevención de ciertas enfermedades. Al menos, no más de lo que haría cualquier otro alimento en cuya producción formen parte productos sintéticos que la ecológica obvia.

Para el estudio, los expertos han realizado dos comparativas: las diferencias de contenido en nutrientes de alimentos orgánicos y convencionales, y los efectos de cada uno de ellos en la salud. Los resultados han demostrado “pequeñas diferencias en cuanto a contenidos en nutrientes”, pero es “poco probable” que tengan influencia en la salud. Se ha detectado una mayor cantidad de fósforo, un mineral presente en alimentos ricos en proteínas como carnes, pescados y huevos, y en frutos secos o cereales. Pero también se ha constatado una mayor acidez, más relacionada con la “percepción del gusto” que con sus beneficios en la salud, admiten los expertos. Estos consideran que son componentes a los que se tiene acceso si se mantiene una dieta rica y variada. Por tanto, la “superioridad” que se atribuye a este tipo de alimentos no se sustentaría, según esta última investigación, “en evidencias científicas”.

La FSA ha defendido que su postura es objetiva y que no está “ni a favor ni en contra” de los alimentos orgánicos. Asegura que elegir estos es una opción que, en la mayoría de los casos, está más relacionada con una preocupación hacia el medio ambiente y el bienestar de los animales, que hacia los beneficios.
Voces en contra

Las críticas al informe presentado por la FSA no se han hecho esperar. Una de ellas es la de la Soil Association, considerada la principal organización ecologista británica. Entre otras cosas, promueve la producción sostenible de alimentos, fija normas y ofrece asesoramiento sobre la producción ecológica de acuerdo con los principios de la Unión Europea. En respuesta al citado estudio, la organización cree que sí se han encontrado diferencias considerables en cuanto al contenido de proteínas, betacarotenos, flavonoides, magnesio, potasio, sodio o compuestos fenólicos.

Este grupo afirma que la revisión ha detectado niveles más altos de ácidos grasos poliinsaturados en carne y productos lácteos orgánicos (entre un 2,1% y un 27,8% más altos), que en carne o leche convencional. También recuerda que, en una investigación europea, se demuestra que los “niveles indeseables, como micotoxinas o cadmio, detectados en los alimentos orgánicos son más bajos”.

En productos como las frutas orgánicas, se ha descubierto hasta un 90% más de vitamina C, reconoce la Soil Association, y en la leche, los niveles de omega 3 están entre un 10% y un 60% más elevados. La asociación denuncia que no hay estudios suficientes sobre los efectos a largo plazo en la salud humana del uso de pesticidas en agricultura. Apenas hay un reconocimiento de la Comisión Europea, que en 2006 admitió que “la exposición a largo plazo a los pesticidas puede afectar al sistema inmune y nervioso y provocar esterilidad”.
DETALLES DE UNA PRODUCCIÓN

Desde sus orígenes, la agricultura ecológica ha mantenido una curva ascendente en superficie cultivada. Sólo entre el periodo 1998-2005, el área se duplicó en la Unión Europea. Según datos de la Comisión, este mercado “crece a un ritmo del 10-15% por año”. No obstante, para considerar que un alimento es orgánico requiere cumplir una serie de requisitos en cuanto a su producción y elaboración. La norma establece que debe incluir un logo ecológico en el que se constate que el 95% de los ingredientes del alimento se ajustan a este tipo de producción.

En líneas generales, este sistema se fundamenta en la rotación de cultivos, establece límites muy estrictos de pesticidas, fertilizantes, antibióticos o aditivos, prohíbe el uso de organismos modificados genéticamente (OMG) y apuesta por criar el ganado en zonas al aire libre. Las condiciones son muy estrictas también en cada uno de los eslabones de producción (elaboración, distribución y comercialización), que deben ajustarse a medidas de protección ambiental, bienestar de los animales y confianza de los consumidores.

El pasado mes de julio, dentro de la política para garantizar una información precisa de los alimentos que se comercializan, la UE lanzó un concurso para buscar un nuevo logo ecológico. A través de la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural, la iniciativa pretende “proporcionar identidad al sector”, según admitió Mariann Fischer Boel, comisaria europea de Agricultura y Desarrollo Rural.

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